sábado, 3 de noviembre de 2007

Cuarta y última entrega de la nota a Pablo Comelli...


Otra vez, muchos años más tarde, Comelli integró un equipo de fútbol con pibes de pocos años, y fue invitado a Tres Arroyos, a jugar un partido contra un conjunto de un colegio religioso integrado por alumnos pero dirigido por el reverendo del lugar. En la cancha había cinco padres y el partido era favorable a Talleres por 4 a 0, cuando su centrodelantero marcó el quinto. Entonces el curita se acercó a Comelli y le dijo amistosamente:

-Bueno, ya nos han hecho cinco goles, uno para cada padre. Supongo que no nos harán más…

Se equivoca padre, ahora le haremos uno para el sacristán…

¡Y se lo hicieron, nomás!

El partido terminó 6 a 0.

En una época brillante para Talleres, se hizo cargo de las divisiones inferiores Don Julio Artola, quien, para imponer disciplina entre los muchachitos conversadores los obligaba a jugar sin hablar. Al que decía una palabra, lo sacaba de la cancha por un ratito, que se prolongaba en estrecha relación con lo expresado. Y así logró que muchos llegaran a primera. De esa camada los parciales de Talleres recuerdan a Salomón, Máspero, Lamanna, Wilson, Titonell, Angeletti, Lucífero, Devesa, Ruiz, Vissini, Ángel Serramía, Mac Lennan, sobrino del fundador; Peluffo, Eusebio Monti, Bonfiglioli y muchos otros…



Es ya de noche y afuera llueve. Pablo Comelli, el viejo canchero jubilado –uno de los primeros, sino el primero- sigue con sus recuerdos. Llega la hora de vencer la pereza natural, después de largas horas de charla. Nos vamos, levantando las solapas del piloto, mientras Don Pablo, con las manos en los bolsillos, se sumerge en su habitación confortable, bajo las altas tribunas ¡Vive en el club desde 1915!...

Todos los acontecimientos, gratos y de los otros de la vida de Talleres han pasado por la mente de Don Pablo en estas largas horas memorizando hechos. No faltan de la crónica retrospectiva la fusión con Lanús en 1934, fusión que como todos los casamientos a la fuerza terminó en divorcio; el descenso en 1938; y tantos otros que jalonan su medio siglo de existencia institucional.

Y esa noche, bajo la lluvia fina que suena como una música lejana sobre los tablones el viejo Comelli seguirá recordando…

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